Mirada hacia una Agricultura Inteligente

Enfrentamos en estos días de pandemia, un mundo donde el conocimiento se ha convertido en un bien determinante del éxito o el fracaso de las naciones.

Argentina enfrentara en el sector agroalimentario un formidable reto en el ámbito global, pero como nunca antes, contamos con poderosas y variadas herramientas para hacerle frente y consolidar una agricultura competitiva y eficiente que atienda la sustentabilidad y agregue valor a la producción agropecuaria.

Este sector en los últimos años no solo ha logrado incrementar la producción por unidad de superficie, sino que también lo ha hecho en forma más sustentable.

La siembra directa combinada con  la fertilización adecuada y la rotación de cultivos, han permitido retener humedad en los suelos y mejorar su estructura y su fertilidad.

Estas buenas prácticas agrícolas también han reducido el uso de la maquinaria, lo que eso brinda beneficios económicos al productor y contribuye a la protección ambiental, disminuyendo la emisión de gases.

No menor también es la incorporación de la biotecnología, como es el caso de la semilla genéticamente mejorada, cuyo uso responsable disminuyo la utilización de pesticidas, con todo esto se ha reducido los costos de producción y se han generado cosechas más limpias en beneficio de los consumidores.

Con este panorama se tiende a cambiar la agricultura tradicional e ir a una llamada agricultura inteligente. Esta agricultura aplica innovación y avances científicos, lo cual  redunda en beneficios no solo para los productores, sino también para todos los actores de la cadena de valor.

En un  marco mundial de sostenido crecimiento poblacional y en un contexto de acelerado cambio global, las demandas de más y mejores alimentos se vuelven el foco de políticas y estrategias nacionales, regionales e internacionales, con miras a alcanzar la seguridad alimentaria, garantizar la calidad de los productos y la sostenibilidad de los agroecosistemas involucrados.

Este escenario acerca nuevas y numerosas demandas que  es  preciso abordar desde un enfoque de alternativas, anticipándose a los cambios y transformando las dificultades en oportunidades de diferenciación, diversificación productiva y generación de nuevos mercados.

En este contexto, se hace imprescindible que el Estado acompañe estos cambios a través de ayudas activas que incentiven a los distintos sectores, fundamentalmente al sector de la Producción y al sector de Ciencia y Técnica. La promoción de la  investigación y la capacitación permitirá continuar con el avance y la adopción de nuevas tecnologías y el desarrollo de procesos de innovación, incorporando valor agregado en origen, favoreciendo el desarrollo rural y la inclusión social.

Debemos pensar a la agricultura como un proceso que considere los aspectos productivos, ambientales y sociales, incorporando desarrollos tecnológicos que permitan aumentar la producción de commodities, de economías regionales y de alimentos en general, de manera sustentable.

En este sentido, Argentina deberá  asumir el rol fundamental de generar  marcos regulatorios que posibiliten la inversión y la apropiación, por parte de los productores, de las tecnologías desarrolladas. 

El Estado, debería seguir contribuyendo a la mejora continua y al manejo adaptativo y sostenible de los sistemas productivos, entendiendo  que para que esto sea posible, es necesario contar con programas destinados a impulsar la Agricultura Inteligente,  para lograr un desarrollo rural armónico y sustentable que contribuya a la seguridad alimentaria.  

10-08-2020

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